Silencio y Oye
Silencio
y Oye
-Oye, muévete por favor– Dijo Oye
mientras tocaba la puerta de madera hueca- me estoy meando.
Oye no lo podía creer. Había
dejado plantada a Julianita porque las ganas de ir al baño ganaban la batalla.
Estaba parado en la puerta esperando a que silencio saliera del baño. Un baño
rural, con comodidades, pero con vistas a las estrellas. Oye, de diez y seis
años renegaba del anciano que estaba haciendo la deposición en el único baño
cercano. Estaba gritando cuando de pronto el afán biológico dio una tregua. Oye
volteó a ver a un lado y vio una sala de exterior con tres sofás de cuero y una
mesa cuadrada pequeña que exhibía unas revistas y algunas libretas. Por no
tener nada que hacer mientras tanto, se acercó a la mesa y tomó una libreta que
le pareció coqueta. La libreta traía escrito a lápiz el siguiente cuento:
Cómo funciona la tapa del inodoro:
Imagina
una tapa de inodoro. La tapa se abre como cualquier tapa, hacia arriba. Y se
cierra como cualquier otra tapa, hacia abajo. Pero ahí viene la diferencia; esta
tapa no baja a la misma velocidad que otras tapas.
Generalmente,
cuando cierras alguna tapa de inodoro la tapa cae con fuerza contra la piedra blanca
que va debajo de las dos piezas de plástico que a su vez van sujetas como un
llavero a un mecanismo giratorio que retiene dos cilindros de los lados pero
que no aprieta lo suficiente para suavizar la caída de la tapa. En cambio, esta
tapa es especial y si tiene esa cualidad, muy útil.
Ahora,
imagina que vas a hacer tus necesidades y cuando terminas te ocupas con la tarea
de cerrar la tapa. La tapa está dispuesta en posición de noventa grados,
empujas con los dedos la esquina más alta hacia un lado. Como existen las leyes
naturales, los primeros dos centímetros que empujes serán los de más
resistencia, pero a medida que muevas más la tapa se irá resistiendo menos. De
modo que a menor resistencia menor fuerza, hasta que la resistencia será igual
a cero y la fuerza también. La tapa se relacionará entonces solo con el sistema
que la presiona. Al principio, la tapa se moverá muy despacio, pero su cuerpo
es fino y estirado y la presión que la sujeta solo ejerce su poder en un
extremo. A medida que el extremo libre hala al resto de su cuerpo e inclina la
totalidad del cuerpo de la tapa cada vez más hacia abajo se va acelerando el
movimiento. Cuando la tapa se posiciona cerca a los cuarenta grados la
velocidad alcanza casi su máximo, pero cuando llega a los diez grados verás una
velocidad que no verás jamás. La velocidad alcanza su máximo justo antes de
quedar en cero otra vez. La vida y la muerte.
La lectura se interrumpió por el
sonido de la puerta cerrándose y los pasos de silencio que salían del baño. El adolescente
miró al anciano y el anciano, inmóvil, miró a las estrellas justo antes de
cerrar sus ojos y desplomarse en el pasto húmedo con barro. Oye corrió hacia el
anciano y de rodillas le volteó su cabeza tomándolo de la barbilla y acomodándole
la frente en dirección a las estrellas, se dio cuenta que sus párpados temblaban
y que sus corneas daban pequeñas vueltas debajo de la delgada seda de carne. El
joven, incapaz de llorar, pero inquieto, se quedó en silencio mirando a Silencio en medio del
lugar. Por unos segundos Silencio tomó aire, hasta que abrió la boca con esfuerzo
para decir, las estrellas están muy cerca.
Oye levantó a Silencio y lo ayudó
a sentarse en uno de los sofás. Se volteó para ir a orinar pero mientras caminaba en dirección al baño sintió
el contacto húmedo de la orina impregnada en su pantalón. La juventud es esquiva con la vejez, así que Oye se debatió entre
quedarse con Silencio o ir con Julianita. Oye pensó que ese Anciano con el que Oye había compartido tanto tiempo nunca había expresado mucho afecto por él, teniendo en cuenta esto y la emoción por la mujer, ganó el amor.
El muchacho limpió hasta donde
fue posible su ropa y amarró un saco en su cintura para disimular un poco, luego
se fue en un trote para alcanzar a julianita y la tomó del hombro. Ella lo
recibió abriendo sus ojos y sonriéndole. Se fueron caminando tomados de la mano
cuesta abajo por el camino de piedra y Oye miró hacia atrás. Sentado en el sofá, estaba Silencio con los dedos de las manos entrelazados y con la mirada cavada en las
estrellas.
Juan Pablo


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